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>Stanislaw Lem, ese genio (2)

30 Nov

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Continuo relatando las aventuras Ijon Tichy. La religión como fuente de un problema mayor sigue presente en este relato donde sin decirlo, el lector lo intuye perfectamete y sino os dejo a continuación lo que le ocurrió a un misionero terráqueo en el planeta Urtama. Los Memnogos, considerados las criaturas más nobles del cosmos aceptan el cristianismo y se sacrifican para ir al infierno con tal de hacerlo todo por el prójimo. Como su sacerdote siempre estaba alabando la labor de los santos pues… Los Memnogos decidieron hacerlo santo de la siguiente forma:
Acto seguido le despellajaron la espalda y se la untaron con pez, al igual que el verdugo de Irlanda hiciera con San Jacinto; luego le cortaron la pierna izquierda como los paganos a San Pafnucio, le abrieron el vientre y se lo rellenaron con un haz de paja igual que le paso a la beata Elisabeth de Normandia, después de lo cual le empalaron como los emalquitas a San Hugo, le rompieron las costillas como los tiracusanos a San Enrique de Padua y le quemaron a fuego lento como los borgoñeses a la Doncella de Orleans.

>Stanislaw Lem, ese genio

29 Nov

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 Este hombre es uno de mis escritores de ciencia ficción favoritos. Quizá a alguno no os suene mucho pero si os digo Solarys seguro que os acordáis de la película. Pues ya metidos en situación esa puede ser su obra más conocida y donde expone su originalidad con los extraterrestres raros, es decir, que si la humanidad tuviera algún día un encuentro con otra forma de vida, seriamos tan distintos que ni nos comprenderiamos, o ni no veríamos o ni sentiríamos siquiera. Es genial, cuando todos estaban con los marcianos que atacaban La Tierra y todas las civilizaciones extraterrestres eran copias marcianizadas de nuestro planeta, este hombre creaba algo nuevo.
Este Diario de la Estrellas es uno de mis tesoros. Lo encontré por casualidad en un mercadillo de segunda mano y lo he releido multitud de veces y cuanto más lo releo, más me gusta y lo más sorprendente es que es anterior a la década de los 60 del siglo pasado.
Acabo de releer el primer capitulo y ya me han entrado unas ganas locas de reseñarlo. Esto en cierta forma es una segunda parte aunque tampoco necesariamente ya que todos los capítulos son independientes y se pueden leer perfectamente de forma aislada.
Bien, nos encontramos en el viaje vigesimoprimero (que abre este libro) y nuestro héroe (Ijon Tichy) aterriza en Dictonia, un planeta donde la obsesión de sus habitantes es vencer a la naturaleza. Yo lo voy a simplificar ya que esto hay que leerlo porque todo esta perfectamente estructurado en diversidad de etnias, partidos y religiones distintas. La cuestión es que la muerte y la enfermedad ha de ser superada. Es una humillacion para la supremacía Dictoniana. La imperfección y las enfermedades (y como causa final la muerte) son erradicadas del planeta. Os recuerdo que es un libro anterior a los 60 y el escritor ya expone una sociedad que elimina el sexo y empieza a clonar, habla de la unión mental por cableado (internet) del abandono de los valores, de la estupidez de la apariencia física, máxima obsesión de los Dictonianos que quedan completamente deformados a base de implantes. Y todo esto, con un coctel perfecto de sociología, humor y filosofía. Un verdadero genio. Os dejo uno de mis pasajes favoritos de boca de un monje Destructiano. Palabras simplemente magistrales que hay que leerlas desde el propio libro y sentirlas en toda su plenitud.
La fe es la única cosa que no se puede quitar a un ser consciente, mientras su consciencia permanece en el. Los gobernantes, si quieren, pueden no solamente despedazarnos, sino transformarnos de manera que perdamos nuestras creencias como consecuencia de un cambio de programación. Lo que ambicionan es el poder ejercido directamente, ya que todo menoscabo de su autoridad seria una limitación. Ahora ya conoces el motivo de la clandestinidad de nuestra Fé. Preguntaste antes por su esencia. Es, no se como decirlo, totalmente desnuda e inerme. No tenemos ninguna esperanza, no exigimos nada, no pedimos ningún favor, no contamos con nada, sencillamente, creemos.